ΟΣΙΟΥ ΝΙΚΟΔΗΜΟΥ ΤΟΥ ΑΓΙΟΡΕΙΤΟΥ

 ΑΟΡΑΤΟΣ ΠΟΛΕΜΟΣ
 La guerra invisible, san Nicodemo el Aghiorita
 SEGUNDA PARTE

Capítulo B. 1 El santísimo misterio de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía.

 Capítulo B. 2 Cómo uno debe recibir y aceptar el divino Misterio de la Divina Efjaristía, es decir, cómo debe recibir y aceptar a Cristo sacramental o mistéricamente.

Capítulo B. 3 Cómo debemos prepararnos para la comunión o divina efjaristía para que seamos incitados y estimulados a la agapi de Dios.

 Capítulo B. 4 La Comunión Espiritual y mental, es decir, como se comulga y se conecta con el nus espiritual y mentalmente con el Cristo.
 Capítulo B. 1 El santísimo misterio de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía.

Añadido por el traductor, del gran léxico Alfa Omega: Εὐχαριστία, Θεία (Efjaristía Zía) Eucaristía divina, divina Comunión, ef-jaris=buena jaris. Uno de los siete Misterios de nuestra Iglesia, el más importante que se celebra durante la Divina Liturgia. Los puntos visibles son: el pan (con levadura) y el vino.En la celebración del Misterio con la Epíclisis (imploración) del sacerdote el Pan y el Vino se transforman en Cuerpo y Sangre de Cristo. Este “cambio” no tiene sentido físico-químico, es decir, no se hace desnaturalización (percepción romanocatólica), sino “metabole, transubstanciación”, o sea, cambio espiritual y superlógico o lógica divina del Pan y el Vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, sin que se cambie la sustancia del Pan, etc., por razones de Economía divina para que sean sensibles por el hombre.

 Hasta aquí querido lector, como has visto te he ofrecido cuatro armas que te son imprescindibles en esta guerra para poder vencer a tus enemigos; es decir, a) no te fíes de ti mismo, b) tener confianza y esperanza sólo en Dios, c) luchar y d) orar. Ahora te indico uno más. Este es el santísimo misterio de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía. Debido a que este misterio es superior a todos los demás, igualmente es un arma superior de todas las demás armas. Las cuatro armas que hemos dicho, toman la potencia y energía de los salarios dignos y de la jaris (gracia, energía increada) que nos ha concedido la sangre de Cristo. Pero esta arma es esta misma Sangre y Cuerpo con la psique-alma y la Deidad de Cristo. Con ellas se hace la guerra contra los enemigos con la fuerza de Cristo. Pero con esta arma nosotros luchamos contra los enemigos junto con Cristo y Cristo lucha con nosotros. Porque el que come el cuerpo de Cristo y bebe su Sangre, queda con Cristo y Cristo con él. “Cada uno que come mi sarx (cuerpo) y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en templo mío” (Jn 6,56).
 Por eso también nosotros si vencemos al enemigo, le vencemos con la fuerza de la sangre de él, como se refiere en el libro del Apocalipsis: “Han vencido con la sangre del Cordero” (12,11).
 Y como este misterio es el más santo y divino, y que esta arma o más bien el mismo Cristo que se encuentra dentro de este misterio, se puede realizar de dos maneras; es decir, uno que lo reciba mistéricamente o sacramentalmente, o sea, con devoción, muy a menudo y las veces que pueda, (por su puesto si no tiene algún impedimento de su guía Espiritual) con la preparación adecuada, es decir, contrición, quebrantamiento del corazón, confesión y ayuno según sus fuerzas; y uno debe recibirlo también mental y espiritualmente en cada momento y hora; por eso tú también no te detengas en recibirlo con la segunda manera muchas veces, y cuando puedas, de acuerdo con la primera forma que describimos más abajo.
  Capítulo B. 2 Cómo uno debe recibir y aceptar el divino Misterio de la Divina Efjaristía, es decir, cómo debe recibir y aceptar a Cristo sacramental o mistéricamente.
 En muchos casos podemos acercarnos a este divino misterio, el cual para conseguirlo y tener éxito, debemos hacer varias cosas que están divididas en tres períodos: Antes, durante y después de la divina Comunión o Eucaristía. Antes de la Comunión debemos limpiarnos, purgarnos con el misterio (sacramento) de la Metania (introspección y arrepentimiento) y Confesión, tanto de la infección o contaminación del pecado mortal o no mortal que hemos cometido y cumplir con el canon que nos dará el guía Espiritual. Y con la disposición y ánimo de todo nuestro corazón entregarnos enteramente con toda nuestra psique-alma, con toda nuestra voluntad y con todas nuestras fuerzas a Cristo y en lo que a él gusta. Porque el mismo en este misterio nos da su Cuerpo y Sangre con la psique y la Deidad y con sus dignos salarios. Y pensando que nuestro regalo, en comparación con el suyo, es pequeño y casi nulo, debemos desear tener un regalo tan grande como nunca le han ofrecido todas las creaciones humanas y celestes, para que podamos entregarlo a su divina Majestuosidad.
 Por eso, pues, cuando quieras recibir este Misterio, para que sean destruidos tus propios enemigos y los suyos, antes de comulgar, empieza desde la víspera o incluso antes, pensar cuánto desea el Hijo de Dios que le concedas tú con este Misterio un lugar en tu corazón para unirse contigo y ayudarte a vencer cada pazos pasión y vicio maligno tuyo.
 Este deseo del Señor es tan grande e inmensurable que el nus creado del hombre no puede entender y llegar a su altura y grandeza. Pero tú para que puedas hacerlo caber de alguna manera en tu nus, debes poner en tu nus y mente dos cosas: Uno es el inexpresable deseo que tiene el Hijo de Dios en encontrarse en nuestro interior. Porque esta unión con los hombres la llama júbilo, alegría y felicidad suya. “Mi alegría y felicidad está con los hijos de los hombres”. Lo otro es pensar bien que Dios odia mucho el pecado que es contrario a sus divinas perfecciones, porque este es la causa en que Dios se une con nosotros, cosa que lo desea mucho. Porque el Dios siendo por naturaleza bien absoluto, luz pura increada y belleza infinita, no puede hacer otra cosa que por naturaleza odiar y asquearse del pecado innumerables veces, el cual no es otra cosa que el absoluto mal, oscuridad, falta e insoportable fealdad en nuestras psiques. Y este odio de Dios contra el pecado es tan grande y fuerte, de modo que para su destrucción mandó y se hicieron todas las obras del Antiguo y Nuevo Testamento y sobre todo aquellas obras del Santísimo Pazos-Pasión de su Hijo. Por eso dicen algunos teólogos y maestros que el Dios para extinguir de nosotros toda falta y culpa, incluso la más mínima, está preparado si fuera necesario a entregarse también de nuevo en millares de muertes.
 Pues, de estos estudios y pensamientos, aunque sea en grado pequeño, entendiendo la magnitud del deseo que tiene el Dios en introducirse en tu corazón para vencer totalmente los enemigos tuyos y suyos, encenderás en tu corazón un deseo vivo de recibirle y llevar en tu interior este resultado. Y así mientras te llenes de valor, envalentado y animado de la esperanza de que el capitán celeste Jesús vendrá a habitar en tu interior, llama fuertemente muchas veces en guerra aquel pazos que quieres vencer y abátelo con dobles y triples deseos y ganas, odiándolo y proyectándolo las praxis de virtud contrarias hacia aquel pazos. Así harás durante la víspera.

Por otro lado, por la mañana, un poquito antes de la Divina Comunión, echa una ojeada breve en tu interior para ver los errores que has cometido desde el tiempo que has comulgado hasta ahora, los que hiciste sin temor como si el Dios no existiera para verte y juzgarte, ni ha sufrido para ti los pazos-padecimientos encima de la cruz. Porque tú has preferido tus detestables y nimios deseos y no la voluntad y el honor de Dios. Y pensando así con mucha vergüenza y con temor sagrado, sentirás vergüenza por tu ingratitud y tu indignidad. Pero otra vez pensando después de esto de que el inmensurable abismo de la bondad de tu Dios te llama y te invita a sus Misterios para sacarte del abismo de tu ingratitud y de tu poca fe, acércate en él con ánimo y valor y regálale el espacio ancho de tu corazón, para que se convierta entero en Soberano y Dominador. ¿Cómo y de qué manera? Cuando expulses del interior de tu corazón todo ánimo, disposición y amor a las creaciones, cerrándolo para que no entre algún otro sino solamente tu Dios.

 Y cuando comulgues entra inmediatamente en los lugares ocultos de tu corazón reverenciando primero al Señor con toda humildad y devoción y háblale espiritualmente de esta manera: “Señor, tú ves mi único bien, qué fácil yo te perjudico y cuánta fuerza tiene contra mí este pazos que me combate, sólo no tengo la fuerza de liberarme. Por eso esta guerra principalmente es tuya y sólo de ti espero la victoria, a pesar de que es necesario que yo también guerree y luche”.
 Después de todo esto, gira tu nus hacia al Padre celeste y también hacia su bendito Hijo en agradecimiento por tu victoria, porque él te ha dado los Misterios y que ya los contienes en tu corazón. Y combatiendo valientemente contra el pazos aquel que te domina, espera con fe la victoria de Dios. Y en ningún caso te privará de la victoria, si tú hicieses lo que pudieras, incluso si el Dios tarda en dártela.
  Capítulo B. 3 Cómo debemos prepararnos para la comunión o divina efjaristía para que seamos incitados y estimulados a la agapi de Dios.
 Para que seas estimulado a este misterio de la agapi hacia Dios, reflexionarás con tu pensamiento sobre la agapi (amor, energía increada) que tiene el Dios hacia ti, pensando desde la noche anterior que aquel Dios Pantocrator y Grande, no sólo te ha creado a imagen y semejanza y que ha mandado en la tierra Su Hijo Unigénito a caminar treinta y tres años para buscarte y sufrir los pazos-padecimientos duros y la muerte torturadora de la cruz, para sacarte y redimirte de las manos del diablo, sino que quiso dejártelo para tu necesidad y como alimento tuyo en este divino Misterio. Piensa bien, hijo mío, las incomprensibles grandezas y bellezas de esta agapi que es muy perfecta y extraordinaria en todo.
 1) ¡Porque si pensamos que el Dios nos ha amado eterna e incondicionalmente, y mientras él es eterno sobre su Deidad, tanto más eterna es su agapi (amor, energía increada), con la que antes de los siglos decidió a darnos su Hijo de esta manera admirable! Por eso deleitando interiormente, puedes decir lo siguiente con alegría espiritual: “En aquel abismo de la eternidad estaba mi pequeñez, tan calculada y amada del absoluto Dios y de tal manera que él con la voluntad de su inexpresable agapi pensaba para mí y deseaba darme para alimento Su Hijo Unigénito”.
 2) Todas las demás ágapes-amores del mundo, por muy grandes que sean, tienen límite y medida y no se pueden extender más. Pero sólo esta agapi (amor, energía increada) de Dios hacia nosotros es sin medida e increada. Por eso el Dios queriendo que se sanara totalmente el hombre, ha dado su Hijo, igual de infinito y grandeza que él y de la una y misma esencia y naturaleza. Por eso es tan grande su agapi como también su carisma, y viceversa, tan grande el carisma como la agapi. Lo uno y lo otro son tan grandes e increados que mayor magnitud no puede imaginar ningún creado nus-espíritu y mente humana.
 3) Dios no fue promovido de ninguna necesidad para amarnos, sino sólo de su bondad natural y de su gran agapi hacia nosotros, que no podemos entenderla, porque es infinita e increada.
 4) Tampoco alguna obra u otra praxis nuestra pudo preceder, para que el infinito Dios nos muestre una agapi de este tipo para nuestra fatiga. Pero sólo a causa de su libertad, se nos fue dada enteramente a nosotros que somos sus creaciones e indignos totalmente.
 5) Si piensas bien la pureza de esta agapi, verás que no es como las ágapes del mundo mezcladas con algún beneficio personal. Porque el Dios no tiene necesidad de nuestras bondades y bienes. Porque él solo por sí mismo está muy feliz, bienaventurado y gloriado. ¡Así que, utiliza su inexpresable e increada agapi y bondad hacia nosotros, no para beneficio suyo sino para beneficio nuestro!
 Meditando bien estas cosas, te dirás a ti mismo: “¿Cómo se hace esto que un Dios Altísimo ponga su corazón en una creación tan baja? ¿Rey de la Doxa (gloria, luz increada), qué quieres y qué esperas de mí que no soy otra cosa más que un poco de polvo de la tierra? Dios mío, veo bien que en la luz increada de tu agapi, que es como fuego que me lo muestra ya claramente tu agapi hacia mí que es sin dolo, ni engaño. Porque te entregas a mí como alimento y bebida sólo con el fin que yo me transforme y convierta como tú, no porque tienes necesidad de mí, sino que viviendo tú en mí y yo en ti, podré hacerme a través de tu unión amorosa como tú mismo; y de la unión de mi corazón terrenal y del tuyo celeste, se convierta en mi interior un corazón espiritual y divino”.
 De este tipo de pensamientos, loyismí, pues, tú debes llenarte de alegría y sorpresa, viéndote a ti mismo haber sido tan honrado y amado de Dios; y conociendo que él con su omnipotente agapi no pide ni quiere algo de ti, sino sólo atraer toda tu agapi hacia su sí mismo y separarte como el primero de todas las creaciones y después también de ti mismo, porque eres creación, para que ofrezcas a ti mismo enteramente a Dios como sacrificio y que a partir de aquí estimule tu nus hacia su única agapi y su divina voluntad, y en tu voluntad y en tu memoria y que gobierne él todos tus sentidos. Y viendo después de esto que otra cosa no puede provocar en ti semejantes resultados divinos como el santísimo Misterio de la Divina Efjaristía (eucaristía), entonces abre tu corazón con las siguientes inspiraciones amorosas y cariñosas diciendo sobre esto:
 «¡Oh alimento celeste, cuándo vendrá aquella hora que yo me sacrificaré entero para ti, con el aquel fuego de la agapi (amor energía increada) tuya; oh Dios, cuánto viviré sólo de ti y para ti y únicamente para ti; oh Vida bella, agradable y eterna, maná celeste, cuándo yo repulsaré toda comida terrenal y desear ser alimentado únicamente de ti! Oh Señor mío, encantador y omnipotente, libera este miserable corazón mío de cada apego y de cada pazos maligno. Adórnalo con tus divinas virtudes y con aquel verdadero fin por lo que puedo hacer cualquier cosa para que yo te guste. De esta manera vendré para abrirte mi corazón. Señor mío, quiero agradecerte y rogarte a que te introduzcas en mi corazón, dentro del cual sin resistencia traerás los resultados que siempre deseas».
 En estas intenciones y disposiciones amorosas puedes estar ejercitándote desde la víspera y por la mañana para la preparación de la divina Comunión o Efjaristía. Después, cuando se aproxime el tiempo, piensa quién es aquel que tienes para vivir, es decir, ¡aquel es el Hijo de Dios, que tiene majestuosidad que no podemos entenderla, ante la cual tiemplan los cielos y todos los poderes! ¡Que es Santo de los Santos, el espejo más limpio! ¡La pureza que no es posible ser comprendida, con la que en analogía no hay ninguna creación pura! ¡Y que es Aquel que, como un gusano de la tierra, quiso para tu propia agapi ser despreciado, burlado y crucificado de la maldad y de la ilegalidad del mundo!
 Y que es Dios, al que en Sus manos se encuentra la vida y la muerte de todo el mundo. Y tú que tratas de comulgar con él eres todo lo contrario, un nada, un cero y a causa de tu maldad te has convertido peor que la nada y peor que toda creación sucia; sólo eres digno de avergonzarte y ser burlado por los entenebrecidos demonios; y que tú en vez de agradecerle por sus innumerables beneficencias, has despreciado con tus fantasías, ilusiones y apetitos su preciosa Sangre. Pero Él, a pesar de todo esto, a causa de su eterna agapi e inalterable bondad, te llama y te invita en su divina Cena. Y algunas veces amenazándote con la muerte te presiona diciéndote: “Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx (cuerpo y carne) del hijo del hombre y no bebéis su sangre, a través del misterio de la divina Efjaristía, no tendréis vida en vosotros” (Jn 6,53). ¡Y no te cierra la puerta de su caridad, ni te gira sus espaldas divinas, aunque por tu propia naturaleza tú estás lleno de la lepra del pecado, cojo, ciego, endemoniado y esclavizado en los pazos (pasiones, emociones y vicios) de la infamia y de la deshonra!
 Sólo esto pide de ti: 1) que sientas dolor de corazón por las calamidades que le has provocado. 2) que odies más que nada el pecado, sea pequeño o grande; 3) que te ofrezcas a ti mismo enteramente y te entregues con buena disposición y amor de corazón siempre en su voluntad y en su obediencia para cada cosa; 4) que tengas esperanza y fe firme de que él te perdonará, te sanará, te purgará y te protegerá de todos tus enemigos.
 Y cuando ya te has consolidado de esta inexpresable agapi (amor, energía increada) de Dios, irás a la Divina Comunión con un temor sagrado, un temor que produce la agapi-amor desinteresado diciendo: “Señor mío, yo no soy digno de recibirte, porque tantas y tantas veces que yo te he entristecido, aún no he llorado como es debido por hacerte esto. Señor mío, yo no soy digno de recibirte, porque aún no me he entregado con sinceridad en tu agapi, en tu voluntad y en tu obediencia. Oh Dios mío, Todopoderoso e infinitamente bondadoso, hazme digno de acogerte con esta fe firme”.

Y una vez que hayas comulgado, inmediatamente enciérrate en la parte oculta de tu corazón y olvidando toda cosa creada habla a tu Dios de esta manera similar: “Oh Altísimo Rey del cielo, qué es lo que te ha traído en mi corazón, en mi que soy pobre, ciego, miserable y desnudo (espiritualmente)?” Y él te contestará: “La agapi”. Y de nuevo: “¡Oh agapi increada! ¡Oh agapi dulce! ¿Qué quieres de mí?”. Y él te responderá diciéndote: «No quiero nada sino sólo la agapi. No quiero que se encienda otro fuego en el altar de tu corazón y en todas tus obras, sino sólo el fuego de mi agapi, para quemar toda otra agapi y toda tu voluntad personal me la entregues en olor de fragancia. Esto he pedido y esto pido siempre de ti. Porque yo deseo ser todo tuyo y tú todo mío propio, cosa que no se realizará nunca si permaneces apegado en la agapi de ti mismo, en tu propia opinión, en toda ilusión tuya y en el honor del mundo. Te pido el odio y el aborrecimiento de ti mismo para entregarte mi agapi. Pido tu corazón unirse con el mío, porque por esta razón se me fue abierto con la espada encima de la cruz. Y te pido a ti entero, para que yo sea enteramente tuyo. Tú ves que yo soy de un valor incomparable, sin embargo me convierto tanto, lo que tú vales. Hijo mío, muy amado, yo quiero que no quieras otra cosa, ni escuches nada más que a mí y mi voluntad, para que yo quiera toda cosa para ti, pensar para ti, escucharte, obedecerte y verte metamorfoseado, convertido, y así en mí no sentirás el vacío y serás lleno de contenido y muy feliz y bienaventurado, y yo seré de ti muy feliz y agradecido».

 Ocúpate diariamente en aumentar y hacer sobrar en tu psique-alma la fe en este Santísimo Misterio de la Efjaristía o Comunión y no ceses nunca de admirar este inefable Misterio y alegrarte pensando cómo se ve el Dios bajo de aquellas humildes especies de pan y vino, para hacerte más divino, más digno y feliz. Según el logos del Señor: «Porque me has visto, has creído, a partir de ahora en los siglos de los siglos, bienaventurados y felices los que creen sin haberme visto. Y creerán así las futuras generaciones de mi Iglesia» (Jn 20,29). No desees que te aparezca Dios en esta vida bajo otro tipo de manifestación o aparición, sino sólo de esta forma con los Misterios. Intenta incitar tu voluntad a este Misterio y diariamente seas mejor y más dispuesto a realizar la voluntad de Dios en todas las cosas. Y siempre, cuando con este Misterio te ofreces a Dios, es decir, cuando comulgas, debes estar dispuesto y preparado a padecer por su agapi todas las fatigas, tormentos, dolores, sufrimientos y los desprecios que te sucederán y toda enfermedad física o corporal (97).
 97. San Basilio el Grande apunta un otro deber para los que comulgan. Porque los que comulgan con la Comunión anuncian la muerte del Señor, como dice san Pablo: «Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (1Cor 11,26). Y la muerte del Señor se hizo para todos aquellos que comulgan y para todos los hombres en general según otra vez el apóstol Pablo: “que si uno murió por todos, luego todos murieron, y por todos murió” (2Cor 5,15).
 Pues, los que comulgan, deben para la agapi, la fe y los mandamientos de Dios mostrar obediencia hasta la muerte y que no vivan ya al mundo del pecado y en sí mismos, sino sólo en Dios, comulgando en él que por ellos ha muerto y resucitado, según otra vez Pablo que dice: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). Y esto dice san Basilio es un dogma que se ha entregado de Pablo.
 Por último, ofrecerás al Padre Celeste su Hijo, primero para su agrado y después para tus necesidades, para toda la santa Iglesia, para todos tus parientes, para todos aquellos a los que estás en deuda y para las psiques-almas que han dormido. Y esta oferta la harás en recuerdo y unión de aquella misma oferta, con la que el Hijo de Dios se ofreció a sí mismo, es decir, cuando él estaba entero manchado de sangres y colgado encima de la cruz, se ofreció al Padre. Y de esta manera puedes ofrecerle todos tus sacrificios, es decir, las celebraciones, los oficios y las oraciones, que se hacen aquel día en la santa Iglesia.
  Capítulo B. 4 La Comunión Espiritual y mental, es decir, como se comulga y se conecta con el nus espiritual y mentalmente con el Cristo.
 Aunque mistéricamente o sacramentalmente no podemos recibir a nuestro Señor más que una vez al día, en cambio espiritualmente con el nus (nuestro espíritu del corazón) y mentalmente podemos estar recibiéndole cada momento y cada hora mediante el trabajo de todas las virtudes, aplicación de los logos (mandamientos) y especialmente con la divina oración sobre todo con la oración monologa del corazón o de Jesús (99).
 99. Porque todas las demás virtudes con la similitud que tienen hacia el Dios hacen al hombre virtuoso y capaz de unirse con el Dios, pero no le unen. En cambio la oración Noerá o del Corazón o de Jesús tiene este tipo de fuerza y energía de unir con el Dios (ver también el capítulo 45). Y de una manera todas las demás virtudes se asemejan con los instrumentos que ajustan y enderezan dos planchas, mientras que la oración se asimila con el pegamento que une las dos planchas enderezadas. Por eso también san Gregorio Palamás el gran obispo de Salónica dijo que: “la fuerza de la oración oficia la elevación y unión del hombre con el Dios, porque es un lazo entre las creaciones lógicas y el Creador” (Filocalía).
 También como el Señor se encuentra oculto dentro en sus santos mandamientos y logos, y aquel que hace una virtud o realiza un mandamiento, recibe inmediatamente en el interior de su psique-alma también al Señor que está escondido en estos, el cual ha prometido que habitará junto con su Padre en el interior de aquel que aplicará y guardará sus logos (mandamientos), diciendo: «El que me ama, aplicará y cumplirá la enseñanza de mi logos, y mi Padre lo amará y vendremos a él y en él nos alojaremos permanentemente, metamorfoseando, convirtiendo su corazón y su cuerpo en templo vivificado del Dios vivo» (Jn 14,23) (100).
 100. De este versículo san Máximo el Confesor concluye que aquel que trabaja y aplica los logos (mandamientos) del Señor, no recibe sólo al Señor en su psique-alma, sino junto con él al Padre que está junto e inseparable del Espíritu Santo. Recibe en su interior toda la Santa Trinidad y se convierte su casa.
 Esta κοινωνία (kinonía) comunión, conexión y unión no puede quitarla o desconectarla de nosotros ninguna creación, sino sólo nuestra indiferencia o cualquier otro error nuestro. Y algunas veces esta Comunión es tan fructífera y tan agradable a Dios, que ninguna otra es comparable de las muchas comuniones misteriosas que otros reciben. Pues, las veces que estás bien dispuesto y preparado para una κοινωνία (kinonía) Comunión semejante, encontrarás bien dispuesto y preparado al Hijo de Dios para alimentarte solo él espiritualmente con sus propias manos.
 Para que te prepares, pues, a esta comunión con el nus (espíritu del corazón humano), haz lo siguiente: Gira tu mente y tu nus con su atención a Dios y mirando con una ojeada rápida por un lado tus pecados y por otro lado a Dios, aflígete por el perjuicio que le has provocado y con toda humildad y fe ruégale que acepte a venir en tu humilde psique-alma para sanarte y fortalecerte contra los enemigos.
 O cuando tratas de ejercitarte y fortalecerte contra algún deseo tuyo o para realizar alguna nueva praxis de virtud o para aplicar y guardar algún logos (mandamiento), todo esto hazlo con el propósito de preparar tu corazón para el Dios que siempre te lo pide. Y después girando tu atención hacia Él, invócale con gran deseo y anhelo que venga su jaris (gracia, energía increada) para sanarte y liberarte de los enemigos, para que sólo él tenga tu corazón en su poder.
 O acordándote de las oraciones de la comunión de los misterios, que antes nos hemos referido, di con corazón ardiente: “Cuándo, Señor mío, te recibiré una vez más, cuándo, cuándo…” Y si quisieras comulgar espiritualmente de una forma aún mejor, prepárate y pon desde la noche anterior todos tus esfuerzos físicos, las praxis de las virtudes y cada obra tuya buena que piensas hacer con este propósito, es decir, lo de aceptar y recibir espiritualmente tu Señor. Y por la mañana, cuando amanezca, piensa, ¡qué bien! ¡Qué felicidad y riqueza! ¡Qué bienaventuranza hay en la psique aquella que dignamente comulga mistéricamente el santísimo Misterio de la Efjaristía! Porque con esto se adquieren de nuevo las virtudes que se han perdido, y otra vez la psique-alma retorna en su anterior belleza y ella se hace partícipe de las recompensas, salarios del pazos (padecimiento, pasión) del Hijo de Dios, (en la psique-alma se comulgan los frutos y los salarios del pazos-pasión del Hijo de Dios). Y de la comunión mistérica o sacramental pasa a la mística κοινωνία (kinonía) comunión, conexión y unión y reflexionando espiritualmente, disfrutas de los mismos bienes que la comunión mistérica, y procura a encender en tu corazón con un gran deseo y anhelo en recibirle espiritualmente con el nus y la mente y cuando te colmes de este deseo gira hacia tu Señor y di esto: «Señor mío, como no puedo recibirte mistéricamente este día, hazlo tú, que eres bondad, fuerza y energía increada, en recibirte dignamente ahora espiritualmente , cada hora y cada día dándome fuerza nueva y jaris (energía) increada para combatir contra todos mis enemigos, y sobre todo contra aquel pazos del enemigo al que me opongo y hago la guerra con tu ayuda (101).
 101. Pero los que quieren muy a menudo y no pueden recibir la mistérica (sacramental) Divina Comunión, es decir, comulgar a Cristo que se encuentra dentro en los Misterios, o porque se encuentran en un lugar solitario donde no existen sacerdotes ni altar ni Iglesia; o se encuentran en el mundo pero por sus guías espirituales están impedidos no por algún error propio, sino por la costumbre pervertida que domina, estos como desean y quieren recibir a Cristo mistéricamente o sacramentalmente en sus interiores, pero por todo que se ha dicho y por otras razones no puedan, pues, que reciban a Cristo en sus interiores mental y espiritualmente, como dice san Nicolás Kabásilas en la interpretación sobre la Divina Liturgia (capítulo 42). Porque el Cristo que se encuentra en los misterios espiritualmente y sin ser visto les transmite invisiblemente la santificación, divinización y la divina jaris (energía increada) de los misterios de forma que el mismo conoce.
 San Nicodemo el Aghiorita, autor de la Filocalía.

Traducido por: χΧ jJ. Jristos Jrisoulas www.logosortodoxo.com (Blog en español)